REVISTA DIGITAL UNIVERSIDAD DEL CAUCA
Facultad de Educación Física, Recreación y Deporte
Número 01 Octubre de 2002



LA PRACTICA FORMATIVA, UNA APROXIMACIÓN AL CONCEPTO DE LA PRACTICA EN EDUCACIÓN FÍSICA

Molina B, V. A. Ossa M, A F.
Pinillos García, J. M, Pulido Q.,S M.
Castaño, E.
Profesores de la Universidad de Antioquia

Chaverra Fernández B.
Estudiante de la Universidad de Antioquia.

RESUMEN

La practica formativa en el contexto de la educación superior se asume de diversas y múltiples maneras, dependiendo de las proyecciones pedagógicas, intereses y necesidades de los actores y los diferentes contextos. Generar una propuesta de tipo modélico que articule la practica formativa desde una intención por los propósitos y perfiles de formación, y la futura proyección profesional del educador físico, se dió en la presente investigación desde un proceso metodológico critico y temático, posibilitando la articulación de tres grandes momentos en su desarrollo, un primer momento de reflexión sobre la practica, el cual generó como resultado una reflexión y discernimiento teórico que le dio a la intención modélica un ámbito de conceptos y marcos de referencia para su construcción. Una congregación de los diversos actores que intervienen en la practica formativa ( profesores, estudiantes, comunidades, instituciones, gestores de practicas, entre otros) para mediar desde sus intereses y concepciones en una futura proyección de la practica, y por último un reconocimiento del contexto de realidad, insumo y factor decisivo para el discurrir de la propuesta. Un segundo momento de construcción temática (pedagógico) que posibilitó unificar el ámbito del modelo desde concepciones, los intereses institucionales y las proyecciones personales, se dió aquí una proyección no sólo pedagógica sino también, y esto es lo fundamental, una proyección practica (prueba piloto) de lo que sería la operacionalización estratégica del modelo una vez asimilado y reconocido.

El presente artículo se asume como aquellos acuerdos conceptuales producto de la búsqueda y consolidación de unos marcos de referencia para fundamentar la intención del modelo, su discurrir se concreta sobre la articulación y coherencia que podrían dársele a los conceptos de práctica pedagógica, práctica profesional y practica formativa. Intencionándolas en la búsqueda de su articulación teórico-practica o de interlaminados, de disociación y fusión para su proyección operativa. Y en unos ámbitos de referencia social y político que los dinamizan y posibilitan, de ahí el presente resultado.

La noción de práctica, está determinada por un conjunto de reglas históricas, siempre determinadas en el tiempo y en el espacio, que inciden en las condiciones de ejercicio de la función enunciativa y con ello; la concepción del mundo, de persona y de sociedad en un área social, económica, geográfica o lingüística dada. (Foucault citado en: Zuluaga, 1987: 51).

Para la cultura griega por ejemplo, representada en las ideas de Platón y Aristóteles, se comprendía la práctica como el arte del argumento moral y político; es decir, el pensamiento entendido como la esencia de la práctica, como razonamiento mediante el cual las personas toman decisiones a partir de situaciones sociales complejas.

Bajo la óptica de una visión materialista del mundo y de la historia, se considera a la naturaleza y al hombre como realidades objetivas. En ese sentido, el ser humano como ser concreto que actúa en forma concreta, tiene una actividad práctica que es el trabajo, desde el cual el desarrollo social está determinado por el desarrollo de la producción. Acorde con esta intención, Marx entiende la práctica como praxis.

Para Lefebvre, la praxis se asume como “el punto de partida y el de llegada del materialismo dialéctico. Esta palabra designa filosóficamente lo que el sentido común llama: “ la vida real” (1971: 121). Considera además que

“La energía creadora se prolonga y se manifiesta humanamente en y por la praxis, es decir, la actividad total de los hombres, acción y pensamiento, trabajo material y conocimiento. La praxis es doblemente creadora: de contacto con realidades, por lo tanto de conocimiento y de invención, de descubrimiento. El materialismo dialéctico busca superar las doctrinas que reducen la actividad del espíritu al conocimiento de lo consumado, o que le proponen lanzarse al vacío del descubrimiento místico: Experiencia y razón, inteligencia e intuición, conocimiento y creación, no pueden oponerse mas que desde un punto de vista unilateral“ (Lefebvre, 1971:122).

Gramsci integra al concepto de praxis la filosofía y la política. El filósofo real no es y no puede ser otra cosa que el político, es decir, el hombre activo que modifica el ambiente, entendido como el conjunto de las relaciones del cual el ser humano forma parte.

En este sentido, la política es considerada como la esencia de la praxis y ésta es política porque está dentro de la esfera de la acción consciente de “transformar” a los hombres, diferentes respecto a lo que eran antes (Gantiva,1998:44). Hay aquí una propensión hacia un saber práctico que tiene implícita la teoría y que pretende transformar una realidad determinada.

Asumir la práctica como una vía hacia la transformación de la realidad es verla como un conjunto de problemas, en donde con frecuencia no se conocen los fines de antemano. Vista así, la práctica implica una acción en el mundo, suscitada a partir de situaciones en donde no sólo existe una capacidad para resolver un problema sino que éste puede estribar realmente, y ante todo, en definir en qué consiste. Lo anterior implica disponer de un planteamiento del asunto a resolver, que a su vez exige “comprensión” y nuevas maneras de actuar. A medida que esta situación evoluciona, la acción conformada en la comprensión introduce cambios en la situación problemática, configurándose así un doble juego de acción- comprensión, acción- transformación, lo que nos permite hablar de una práctica en la acción y una práctica en la concepción.

La relación teoría- práctica: una fusión necesaria

Los conceptos anteriores adquieren en Ibryant (1.992:85) una connotación por la relación entre teoría y práctica, relación que se concibe como un interlaminado, esto es, que la teoría no es algo que se aplique mecánicamente a la práctica sino que está ya presente en ésta, de modo que, sin la teoría, la práctica no sería tal sino una simple conducta fortuita. De esta forma, según el autor que comentamos, al tiempo que la teoría genera una práctica, es generada por ésta, estableciéndose una relación no causal sino interactiva, por lo que se podría afirmar que la práctica constituye el mundo de lo real, mientras que la teoría gira en torno al mundo sígnico que le permite explicar un hecho. Se conforma así una situación simuladora de la realidad, que crea la teoría, una reproducción equivalente a lo real, lo que permite pensar que la práctica es un concepto, que para su comprensión requiere ser mirada en su relación con la teoría, y que lo que la caracteriza es la acción y por ende su intencionalidad. Lo anterior permite afirmar que las acciones presuponen intenciones, y éstas se hallan situadas dentro de marcos o paradigmas conceptuales que dependen de la vida social. En consecuencia, la práctica debe presuponer una “teoría” implícita o no formal.

En otra perspectiva, considerada en el plano pedagógico, Imbernón la entiende como una relación biunívoca, una amalgama en el proceso de formación permanente del profesorado por la segura vía del empirismo, a lo que se unen un cada vez mayor aparato conceptual y unos procesos de investigación (1996). Por otra parte, se aprecia una relación dialéctica que fluye en la vida misma y que permite la construcción de la ciencia, una relación de coexistencia en la que la teoría habita la práctica y la práctica habita la teoría, según se indicó.

La práctica en el contexto educativo universitario

La educación puede entenderse como una práctica social que prepara al ser humano para vivir en una sociedad en un momento histórico determinado, ofreciéndole herramientas para que se adapte a sus condiciones o para que las transforme, lo que depende de la cultura o de las diferentes formas de expresión del ser humano.

Si bien el concepto de práctica tiene connotaciones diversas según sea su campo de aplicación, es importante establecer que en el espacio educativo ésta debe entenderse como una práctica social, pues como acción social incluye actos, acciones y conductas que en Melich (1994:85) adquieren el siguiente significado: un acto es siempre algo realizado y puede considerársele independientemente del sujeto que actúa y de sus vivencias, o sea que hace referencia al pasado. La acción tiene el sentido de la proyección previa, latente o manifiesta, hace referencia al futuro y está relacionada con el proyecto y con el sentido, y es de tipo voluntario (a diferencia de la conducta, automáticamente reactiva y espontánea).

Para desplegar su concepción de la acción, Melich retoma a Weber quien la define como “aquella relación en el que el sujeto orienta su conducta significativamente en función de la interpretación de las conductas de los otros” (1994: 85). Una acción es social cuando las personas que intervienen en la interacción orientan recíprocamente sus acciones. De allí que la intersubjetividad simbólica sea considerada como un elemento básico que en la vida cotidiana adquiere sentido en la interacción con los demás: la acción siempre implica interacción; la acción social es una acción significativa, una llamada al sentido, y todo sentido implica una conciencia.

De allí que en los espacios educativos la acción social asuma diferentes connotaciones, dado que en esencia aquellos son un espacio de interacciones, que Melich identifica así:

- Acción social racional con arreglo a fines, caracterizada como una acción orientada a la finalidad, denominada también “acción instrumental”, o según Habermas, una acción teleológico–estratégica, propia de las “éticas utilitaristas”, centrada en los medios y en la eficacia.

- Acción racional con arreglo a valores, en la cual sólo importan el ideal y los valores éticos, estéticos y religiosos, sin tener en cuenta el resultado. Puede entenderse también como una acción deontológica, esto es, referida a los deberes y a las normas morales.

Podríamos decir que este tipo de acción racional es entendida por Habermas como “acción social denominada por normas”. En ella, los valores son compartidos por los miembros de la comunidad y propone la teoría de la acción comunicativa como un modelo de acción social que a su vez haga posible un consenso de orden moral. ( Melich, 1994:91)

- Acción social afectiva, propia de las éticas emotivas. Es también de carácter deontológico, pero singular, individual.

- Acción social tradicional, caracterizada por Weber como aquella orientada en función de la costumbre o el hábito, fruto de la herencia cultural transmitida de generación en generación. (Melich, 1994: 88)


- Acción social dramatúrgica. Formulada por Weber, se puede asimilar a la descrita por Habermas cuando hace referencia a “la relación que los participantes establecen ante un público frente al que juegan un rol, (Melich,1994 :92). Tipo de acción en la que se muestra la distancia entre la acción moral y la acción social.

Si bien en los espacios educativos la acción social (educativa) necesita de acciones pedagógicas, estas últimas deben entenderse como otro tipo de acción social, pues la acción social busca la construcción de la personalidad propia, aunque la ajena no queda excluida —mientras que la acción pedagógica tiene como prioridad la construcción de la mismidad ajena, aunque la mía se vea implicada en el proceso, y que Melich clasifica como:

- Instructivas: intercambio de información que tiene lugar en la vida cotidiana y que se dirige básicamente al desarrollo del conocimiento y de la habilidad.

- Formativas: adquisición de una competencia global y en general profesional. En la vida cotidiana la acción formativa puede entenderse como un modelo de acción en el mundo, una adquisición de aptitudes (normas cívicas o sociales) y/o hábitos, también propias para el desarrollo del individuo como ser social.

- Adoctrinadas: entendida como una acción tendenciosa y parcial, que de modo latente o manifiesto no tiene presentes otras posibles opciones, y tiende a asfixiar el desarrollo personal en una sola.

- Domesticadoras: Se refiere al adoctrinamiento en el ámbito de las habilidades y de los hábitos.

Establecer una relación entre los conceptos de educación y pedagogía da como resultado la inclusión de la primera como concepto articulador de la segunda, y una relación dialéctica que los diferencia pero que los mantiene vinculados. Al respecto Mockus ( 1.995: 14 ), considera que la pedagogía puede tener tres sentidos a saber:

- Un conjunto de saberes propios del educador, o saber propio de una profesión.

-Un conjunto de enunciados filosóficos que orienta ese oficio, históricamente situado.

- Una delimitación de las formas legítimas para ejercer el oficio, conocimiento implícito, sociológicamente determinado, sobre las formas válidas o inválidas de enseñar.

En tal perspectiva, para Zuluaga[1] según Klaus ( 2001: p. 5) la práctica pedagógica es una noción que designa los modelos pedagógicos utilizados en la enseñanza, una pluralidad de conceptos pertenecientes a campos heterogéneos de saber retomados y aplicados en la pedagogía, las formas de funcionamiento de los discursos en las instituciones educativas en donde se realizan prácticas pedagógicas, las características sociales adquiridas por la práctica pedagógica en las instituciones de una sociedad dada que asigna unas funciones a los sujetos de esa práctica y las prácticas de enseñanza en los diferentes espacios sociales, mediante elementos del saber pedagógico.

El saber pedagógico en tal perspectiva, reúne discursos a propósito de la enseñanza y la educación, proposiciones, descripciones, teorías, análisis y normas formando un campo heterogéneo con los discursos correspondientes a este conjunto dentro de una práctica definida. El saber esta conformado por objetos de saber, conceptos, sujetos que se refieren a ambos y estrategias de saber y de poder en su empleo, dispuestas por el discurso mismo o por las regulaciones externas a su práctica.

La puesta en escena en el ámbito educativo del saber permite la configuración de la practica pedagógica, la cual se da como un todo integrado que permite articular las intenciones profesionales que subyacen en cada uno de los saberes.

La práctica formativa, un reto

Por formación, se entiende “la comprensión de sí mismo que tiene el individuo o que tienen grupos aislados frente a otros” (Benner, 1991: 95). La formación interroga por la determinación del ser humano en dos direcciones: una, la determinación que ya está determinada, es decir, la afirmación de que el hombre es un ente fijo, y la otra se refiere a la determinación en devenir o en proceso, desde la cual el hombre es capaz de formarse como ente activo, en donde los individuos tienen la capacidad de acceder a un desarrollo humano total.

De acuerdo con lo anterior, por práctica formativa se comprende entonces la acción que procura que los hombres descubran sus posibilidades, integrando la formación de las personas en la globalidad de sus aspectos educativos, instructivos y desarrolladores de la vida en su propio mundo. La práctica formativa no sólo se dirige al desarrollo de habilidades o desempeños, es fundamentalmente la búsqueda de la condición humana desde la capacidad que tiene el ser de formarse y de hacerse, mediante el aprendizaje y la experiencia.

Desde el punto de vista curricular, la práctica formativa descansa en la intención de forjar profesionales que a partir de sus procesos de formación, pongan en acción los contenidos aprendidos, articulando la teoría y la práctica para una realidad específica.

Haciendo referencia a la práctica profesional, Elliot (1990:88) afirma que ésta puede ser analizada en dos componentes: el primero, supone el compromiso con los valores éticos, de allí el término ‘profesión’. El segundo, exige poseer los conocimientos necesarios de grado elevado. Como el quehacer profesional está enmarcado bajo ciertas directrices, este autor enfatiza más en la conveniencia de realizar éticamente la práctica, en vez de la prevalencia de la consecución de determinados estados finales, preconcebidos como resultado último de una acción.

Llegados a este punto podemos decir que para el caso de la educación, tanto el saber-hacer como el saber-formar, tienen como fundamento la competencia práctica, la cual busca enfrentar al estudiante a las necesidades de un contexto social dado y potenciar sus capacidades creativas e innovadoras para explicitar los saberes aprendidos.

La práctica formativa, sus antecedentes y posibilidades en el Instituto

Desde una mirada general, la práctica representa para la Universidad una forma de extensión mediante la cual se materializa el compromiso de ésta con la sociedad. Con la práctica se busca la validación de los saberes, el desarrollo de habilidades profesionales y la atención a las necesidades de la comunidad (Sistema Universitario de Extensión, 1997). Como vínculo de la Universidad y la sociedad, la práctica encuentra su fundamento en la Constitución Política de Colombia, expresamente en los artículos 67 y 69, donde se señala que “la educación es un derecho de la persona y un servicio público que tiene una función social: con ella se busca el acceso al conocimiento, a la ciencia, a la técnica, y a los demás bienes y valores de la cultura” (p. 26) y “se garantiza la autonomía universitaria. Las universidades podrán darse sus directivas y regirse por sus propios estatutos, de acuerdo con la ley”.

La ley 30, por su parte, organiza el servicio público de la educación superior y en sus artículos 1, 2, 6, 9, 11 y 29 —Literal b— explícitamente se define a la educación superior como un proceso permanente que posibilita el desarrollo de las potencialidades del ser humano de una manera integral dentro de una formación académica y profesional, como un servicio público cultural, inherente a la finalidad social del Estado. La formación, la educación y la instrucción que en ella se brindan, tienen —entre otros objetivos— el de ayudar a cumplir las funciones profesionales, investigativas y de servicio social que requiere el país y el trabajar por la creación, el desarrollo y la transmisión del conocimiento, utilizándolo en todos los campos para solucionar las necesidades nacionales.

En este mismo texto, en los artículos 1, 5, 13, 73, 76 y 92, se concibe la educación como un proceso de formación permanente, personal, cultural y social que se fundamenta en una concepción integral de la persona humana, de su dignidad, de sus derechos y deberes y que formalmente se pretende alcanzar mediante el diseño y puesta en funcionamiento de un Proyecto Educativo Institucional que posibilite una gestión administrativa y pedagógica hacia la formación integral y la construcción de la identidad cultural nacional, regional y local.

En el Instituto, la práctica ha tenido un lugar especial en el programa de educación física y en los diferentes planes de estudio que en él se han desarrollado. Así, para la versión dos de dicho plan, la práctica ha sido objeto de reflexiones y cambios permanentes. Situación que es compartida por otras dependencias de la Universidad donde también se comparten interrogantes similares: ¿Se aprende para practicar o se practica para aprender? ¿Debe ir la práctica al final del proceso de formación? ¿Es contraria la teoría a la práctica? ¿La práctica representa una experiencia de conocimiento? Inquietudes que orientaron las discusiones de los asistentes al seminario-taller “La práctica, una forma de proyección social” (1997) organizado por la Universidad.

De acuerdo con los señalamientos anteriores, se ha de resaltar que la práctica en el Instituto ha tenido un carácter terminal, se la ha situado al final de la carrera y su estructura se ha perfilado mediante la implementación del curso denominado “Práctica de observación” y de dos cursos más, llamados “Práctica I” y “Práctica II”, respectivamente.

En sus comienzos, la práctica que realizaban los estudiantes se circunscribía al ámbito escolar (primaria y secundaria). Luego, a principios de los noventa, se diversifican sus espacios de actuación cubriendo campos como la actividad física y la salud, el entrenamiento y la gestión deportivas. Simultáneamente, con éste desarrollo se avanza en la parte administrativa donde se mejoran los procesos de coordinación, reglamentación, comunicación interinstitucional, cualificación de los docentes y socialización de los proyectos de trabajo de los estudiantes.

Luego, en numerosas discusiones de los profesores y la comunidad educativa en general alrededor de la innovación curricular, el análisis sobre la práctica juega un papel muy importante. De esta manera, la práctica se concibe ya como el espacio nucleador de la actividad permanente de los estudiantes y de los docentes, desde el comienzo hasta el final de la formación, superando así el concepto terminalista del plan de estudios anterior. La práctica representa un eje curricular al igual que la investigación y la evaluación, ejes desde los cuales se integran las relaciones teoría-práctica, sociedad-Universidad, pensamiento-acción, escuela-vida”. (Propuesta de transformación curricular, 1997).

Este concepto de práctica formativa pretende ser coherente con el proyecto curricular del I.U.E.F que concibe el currículo como un proceso cultural orientado a la transformación humana, social y cultural a partir de experiencias autoconstructivas y socioconstructivas que hagan factible una comprensión del mundo y de la cultura en la que se está inmerso, y en ese contexto, reconocer y recrear la cultura motriz.

Para la propuesta curricular, la formación es el proceso mediante el cual “el sujeto tiene la posibilidad de generar conciencia sobre su pertenencia, la cual está constituida por elementos cognitivos, afectivos y valorativos que le permiten negociar las diferencias individuales y construir lo colectivo, dotándose finalmente de una identidad particular y cultural. La sociedad es el contexto en el que la educación cobra sentido”. (Propuesta de transformación curricular, 1997)

La propuesta de reforma curricular establece unos principios y unas características metodológicas que están en estrecha relación con el diseño e implementación de la práctica formativa, de los cuales se pueden resaltar el de la transformación, que se refiere a que “todas las actividades pedagógicas deben generar movilidad tanto en la estructura cognitiva interna de los sujetos educativos como en el contexto en el que la acción educativa se proyecta. La transformación implica creación, compromiso, apertura, actitud crítica y reflexiva para lograr la comprensión de la realidad y para abrir posibilidades de transformación humana y social.” (Propuesta de transformación curricular, 1997: 25). De igual manera, se destaca el principio del diálogo cultural, el cual se refiere a la “necesidad de que el proceso educativo se desarrolle a través de un diálogo intersubjetivo donde los participantes construyan el sentido de su quehacer profesional en el marco de su cultura y en diálogo con otras culturas. Además procura vincular el pensamiento a la acción, los sentimientos y la razón, la teoría y la praxis, la Universidad y la vida. Estas relaciones dotan a la acción educativa de pertinencia socio cultural”.

Guardando una estrecha relación con la práctica formativa, se destacan expresamente en el currículo las siguientes características metodológicas:

- El privilegio del proceso: más que apuntar hacia resultados terminales, se privilegia la conjunción y la potenciación de los actores en lo emocional, afectivo, cognitivo y actitudinal.

- Interacción teoría- práctica: se requieren objetivos que integren la comprensión y la aplicación para un aprendizaje en un proceso significativo, en el que se actúe sobre situaciones concretas, donde el que aprende pueda validar la teoría, planeando y realizando pequeños o grandes proyectos, y a su vez, avanzar en el discurso mediante el análisis crítico de realidades específicas que pretendan ser cambiadas.

- La participación, asumida como la tarea de equipo para compartir decisiones, responsabilidades, logros y/o dificultades.

- Apertura: implica una “educación abierta donde es posible generar un gran abanico de relaciones, interacciones y reflexiones como espacios reales para establecer los nexos entre pensamiento y acción, teoría y práctica, Universidad y vida”. (Propuesta de transformación curricular, 1997:27-28)

- Contextualización socioeconómica y cultural: en el sentido de “estructurar una propuesta curricular que responda a las necesidades, intereses y problemas de los contextos local, regional y nacional. Implica desarrollar en los participantes la capacidad de interpretar la sociedad, identificar las necesidades, e intereses, tomar decisiones oportunas pertinentes, y generar procesos de cambio”. (Propuesta de transformación curricular, 1997:28)

- Flexibilidad: entendida como apertura y autodirección, respecto a la formulación y búsqueda de metas, selección de materiales didácticos, escogencia de prácticas, diseño de los ambientes de aprendizaje y adecuación de contenidos desde la visión conjunta de quienes están implicados en el acto de aprender, “donde el respeto a la diferencia y el diálogo de saberes señale el camino para la autodeterminación personal y social, siempre con miras a la formación de una conciencia crítica y transformadora”. (Propuesta de transformación curricular, 1997:28)

- Supervisión permanente y colectiva del currículo, mediante procesos de evaluación, sistematización e investigación.

- Conexión e interacción: se reconoce al I.U.E.F como un sistema que a su vez forma parte de otros suprasistemas, lo que le permite cumplir mejor su misión.

Todos estos aspectos conforman un decálogo regido por la intención de consolidar la formación y la práctica en coherencia con el perfil de un profesional actuante, participativo, conocedor de sus competencias, crítico de sus propias actuaciones, un profesional que transforme realidades y contextos.


BIBLIOGRAFÍA

· Cornú, Augusto. Carlos Marx, Federico Engels. La Habana. Editorial de Ciencias Sociales. 1976.

· Elliot, J., La investigación en educación. Madrid. Ediciones Morata. 1990.

· Imbernón, Francisco. En busca del discurso educativo. Argentina. Magisterio del Río de la Plata. 1996.

· Lefebvre, Henri. El Materialismo Dialéctico. Buenos Aires. Editorial La Pleyade. 1971.

· Gantiva, Jorge. Un ensayo sobre Gramsci. El sentido de la filosofía, de la política y la tarea del pensar. Bogotá, Cooperativa Editorial Magisterio. 1998.

· Usher, Ibryant. La educación de adultos como teoría, práctica e investigación. La Coruña. Morata. 1992.

· Melich, J. Del extraño al cómplice. La educación en la vida cotidiana. Barcelona. Anthropos. 1994.

· Mockus, Antanas y otros. Las fronteras de la escuela. Santafé de Bogotá. Cooperativa editorial Magisterio. 1995.

· Díaz, Mario, El campo intelectual de la educación en Colombia. Cali. Centro editorial Universidad del Valle. 1.993.

· Insuasty, Delfín. Generación y uso del conocimiento desde la innovación, Guía de aprendizaje autónomo. Módulo de la especialización en pedagogía para el desarrollo del aprendizaje autónomo. Facultad de ciencias sociales y humanas de la UNAD y departamento de posgrado en pedagogía para el desarrollo de CAFAM. Santafé de Bogotá D. C. 2000.

· Benner, D. La capacidad formativa y la determinación del ser humano. En: revista Educación volumen 42. Tubigen Instituto de colaboración científica. 1991.

· Constitución política de Colombia

· Propuesta de transformación curricular del Instituto de Educación Física de la Universidad de Antioquia, Medellín. 1997. Colectivo de profesores.

· Franco, S., La práctica pedagógica de los maestros inmersa en los escenarios de gestión curricular. Una experiencia de innovación curricular en el Instituto Universitario de Educación Física de la Universidad de Antioquia. Medellín. Producciones Infinito. 2.000.


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[1] . En el libro Pedagogía e Historia, Bogotá. Foro Nacional por Colombia. 1987; Zuluaga rescata desde la historicidad de la pedagogía, el concepto de práctica pedagógica que había sido desterrado del ámbito de la enseñanza y asume inusuales parámetros teóricos y metodológicos que desde la influencia de Foucault constituyen su aporte en una corriente pedagógica pionera en Colombia, Latinoamérica y a nivel mundial.

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